martes, 8 de septiembre de 2009

Primitivismo ibérico

En 1906, después de tres meses de trabajo sobre el Retrato de Gertrude Stein, lo aparca un tiempo, y realiza los primeros bocetos de Las señoritas de Aviñón. Abandona el tema de los arlequines por los jinetes y jóvenes en paisajes bucólicos, en la línea de Gauguin y Puvis de Chavannes, en una búsqueda de clasicismo tanto temático como formal, que lo conduce al estudio del arte antiguo; en marzo descubre el arte primitivo español en una exposición en el Louvre de esculturas ibéricas encontradas en Osuna y en Cerro de los Santos, entre las que se encontraba La Dama de Elche. La galería Ambroise Vollard adquirió la mayoría de las telas rosas también en marzo. En mayo se fue con Fernande Olivier a Barcelona, donde la presentó a amigos y parientes, y luego durante el verano a Gósol, en Lleida, donde entró de nuevo en contacto con el primitivismo esencial de la cultura popular, y pintó escenas de baños y desnudos vistos desde un exquisito dominio del rojo; esta paleta rojiza de Gósol refleja una preocupación por el modelado de los volúmenes, y un retorno a las raíces de un mediterráneo arcaico.38 Esto le inspiró una serie de cuadros con personajes que rescatan ciertas características de ese primitivismo, rompiendo con su estilo anterior; aunque la simplificación de rasgos y volúmenes son rasgos precursores del cubismo, ésta fue una etapa con vida propia, sin pertenecer a ningún estilo reconocido. Podemos observar en estos cuadros sus propios rasgos faciales incluso entre las figuras femeninas, lo que puede apreciarse comparándolos con los autorretratos de ésta serie.39 Esta estancia tuvo un impacto importante en la obra de Picasso, pues las pinturas de Gósol marcaron el comienzo de su revolución cubista el año siguiente; años más tarde Picasso retomó lo que hubiera sido el transcurrir lógico de este estilo, en su época neoclásica.

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